La vida no sería vida sin sonrisas, así que sonríe.

12 ene 2012

Mi primera Navidad de "periodista"

   Tras estos tres meses  asistiendo a mis deseadas y ansiosas clases de periodismo después de una lucha continua en bachillerato, puedo decir que mi percepción sobre los medios de comunicación ha cambiado.

   Después de llegar a mi casa agobiado por mi dulce viaje de tres horas y media en autobús me duché, comí algo y me tumbé sobre la cama para descansar después de mi vuelta a casa por Navidad. Tras hora y media tumbado y sin hacer nada provechoso, mi “yo estudiante de periodismo” se hizo dueño de mí y me dirigí a una especie de estantería, debajo de la cual se encuentra el mini-bar que asaltaba tantas veces a mis quince años, para ver si todavía habían aquellos periódicos que mi padre compraba y los guardaba para recordar las victorias del “Atleti”. Pero no estaban y me encontré con varias revistas dedicadas a la prensa rosa. Mi “yo estudiante de periodismo” enfureció y seguidamente tras agachar la cabeza de aquella estantería le pregunté a mi madre: “¿¡Donde están los periódicos que habían aquí!?” A lo que me contestó: “Ocupaban muchos espacio y los he tirado” seguidamente mire a mi madre con cara de desprecio y me volví a mi cuarto muy indignado. Me puse a ver las ediciones online de los periódicos pero no las leía cómodamente; no podía subrayar las frases que no entendía, no podía ponerle bigote a Ángela Merkel y peluca a Sarkozy, no podía recortar fotos que me gustaban, es decir, me sentía incapacitado tras la pantalla del ordenador. Entonces pensé durante unos segundo y le volví a gritar desde mi habitación a mi madre: ¡Mamá, cuando mañana vayas al pueblo, pásate por la librería y cómprame El País! (que yo me quedaré durmiendo hasta las tantas del mediodía) claro está que esta frase no la dije en alto por si me rechistaba, pero mi plan de esa mañana era ese: dormir hasta que me despertaran para comer y  quizá para merendar. Antes de entrar en periodismo apenas veía la televisión, ya que creía que todo lo que salía de esa caja era inútil, sin embargo, tras pasar mi estancia en Málaga, mi opinión sobre la televisión cambió y  casi no me perdía ningún telediario (excepto el día que me levantara para merendar) e incluso creo estar un poco obsesionado con Lourdes Maldonado.

   A la mañana siguiente me desperté sobre las una del mediodía y vi el periódico El País sobre mi escritorio (aún sin desordenar). Fue como si Los Reyes ya hubieran llegado y ese periódico sin abrir fuera el regalo esperado. Lo disfruté a mi manera y le volví a repetir a mi madre que me volviera a comprar al día siguiente. Al día siguiente se le olvidó y no tuve más consuelo que más  Lourdes Maldonado en el telediario. Así pasaron los días entre “países” y Lourdes Maldonado.

   Como conclusión, gracias a estos tres meses ha despertado mi curiosidad por los periódicos y por Lourdes Maldonado los telediarios.

22 dic 2011

Al salir de la facultad Cap.2

Cap.1

  No era un vagabundo que intentara que le diera una limosna para  llevarse algo al estomago o para comprar el último "chute" de metadona que le conduciría a la grotesca muerte callejera.
Mi Ipod murió mientras observaba su silueta . Se traba de una chica. Quedé parado a un metro de ella sin saber qué hacer, expuesto a la humedad que la noche empapada de frío empezaba a desperdigar. Ella no se percató de mi presencia hasta que la moneda que sujetaba entre mis dedos, índice y corazón, resbaló quizá debido al sudor y al nerviosismo que se apoderó de mi cuerpo en tan solo un pequeño instante.

  La chica levantó la cabeza y me miró, a la vez que recogía la moneda del suelo que se cayó de mi mano a sus pies. Seguidamente me extendió la mano y me devolvió la moneda, entonces me miró acompañada con una mueca un poco entristecida ,sus labios rojos y sus zapatos, también, ambos temblaban tímidamente por el frío. Me quedé durante varios segundos noqueado, asombrado al ver sus ojos brillosos que quizá habían acabado de llorar. Quizá me quedé así porque nunca me había parado a observar tan detenidamente una silueta femenina como con la que me tropecé. Mientras que yo salía de mi estado de "shock" (que duró varios segundos) extendí mi mano para coger mi moneda y noté como mi tacto se desenvolvió entre sus suaves dedos. Sus uñas estaban pintadas de rojo, muy parecido al tono de sus zapatos y mientras que la luna nos miraba ella me saludó. Le devolví el saludo, la volví a mirar fijamente y mi yo más tierno al que le acompaño unas de mis sonrisas preguntó:

"¿Qué hace una chica tan guapa aquí a estas horas?". En cuanto acabé de preguntarle pensé que a lo mejor me estaba metiendo donde no debía, pero su cara, su silueta, sus labios rojos, sus ojos brillosos, me habían empujado a que le preguntara y mientras que me empezaba a arrepentir de lo hecho, me contestó.

17 dic 2011

Al salir de la facultad Cap.1

Decidí salir de la biblioteca porque ya era un tarde y emprendí camino hacia casa, no vivo muy lejos de la facultad por lo que suelo ir a pie.
Guardé los apuntes y los libros en la mochila, cogí mis cascos para escuchar música, encendí mi Ipod al que le quedaba poca vida y me puse una canción de Nacha Pop, "La chica de ayer" para ser concretos. Me eché la chaqueta a la espalda y salí por la puerta. Todo estaba vació, nadie se encontraba por allí.

Bajé las escaleras y solo se escuchaban mis pasos y la letra de la canción que retumbaba en las paredes ayudada por el intenso silencio al que presenciaba.
Ni los gritos de las chicas, ni las mil conversaciones que se unen creando el ambiente que me acompaña cada mañana al pasar por los numerosos pasillos de la universidad.
Nada, era un fantasma que vagaba por los pasillos en los que me perdía cuando apenas conocía el lugar.
Terminé de bajar las escaleras, escalón tras escalón, terminé de mirar por cada pasillo, a mi izquierda, a mi derecha y caminé hacia la puerta de la salida cuando vi tras ella que hacía mucho viento, los árboles parecían bailar al compás de la canción. Entonces, me coloqué la capucha de la chaqueta mientras el Ipop pasaba de Nacha Pop a los Rodriguez, "Hace calor" aunque precisamente no lo hacía, casualidades del orden aleatorio de la música... Seguí el camino entre faroles que parpadeaban y otras que, ni siquiera iluminaban.

El aparcamiento estaba casi vacio, apenas dos o tres coches, uno en cada extremo del aparcamiento.  Bajé la cuesta y aproximadamente a mitad de la misma vi a alguien que estaba sentando en el suelo.
Al principio creía que era un indigente, un vagabundo que se había extraviado y había acabado cerca de la facultad. Eché mano al bolsillo para ver si tenía algo suelto que darle pues parecía que estaba pidiendo limosna, me encontré cincuenta céntimos, los sujeté entre mis dedos índice y corazón. Anduve un par de metros más hasta que me percaté que no era un indigente.

Cap.2

15 dic 2011

Acababa agosto justo a tiempo


La noche brillaba en el universo, las estrellas tiritaban, el alcohol por nuestras bocas se gastaba, risas, gritos, todo englobaba una noche que no podré olvidar nunca. 

En medio de la fiesta, en medio de un campo silvestre, bajo una luna que no le apetecía salir, se me echó el mundo encima. Recordé todo lo que pude hacer para conseguir el amor, y aquella noche de fiesta se convirtió en una de dolor, todo me parecía triste, no fue fácil salir de una cárcel en la que tú mismo te has encerrado.
Me fui, triste, solitario, sin nadie que me acompañara, estuve conversando con mis pensamientos, el por qué de esta vida, el por qué de mis fracasos, pero no sabía que en esa noche mi vida pasaría hoja.
En el momento que estaba apunto de echar a llorar, alguien apareció, se puso a mi lado y me preguntó qué me pasaba, por qué estaba así, yo se lo explique todo.
A ella le pasaba algo parecido, el chico que le gustaba no le hacia caso, y su situación se parecía a la mía, relucían sus copitas de más, y yo aunque bebí no estaba tan afectado por el alcohol, y entonces ella me dijo: “acaríciame”.
Yo no lo dudé, y acaricié todo su cuerpo con mi mano, cuello…espalda…mejilla…labios…  La situación se nos iba de las manos, nunca mejor dicho, ella también empezaba a dar besos, pero claro, dos amigos  que nunca pensaron en enredarse, quien viera aquella situación, se quedaría muy sorprendido y teníamos que evitar que nos descubrieran y tuvimos que hacer una pausa  y asomarnos para ver si alguien se acercaba. Sabíamos que lo que estábamos haciendo no estaba bien, pero el alcohol, la noche, estrellas, nuestras situaciones fueron un cóctel que no nos hizo pensar.
Pero daba igual, nuestros cuerpos seguían enlazados como enredaderas, mi mano cada vez se acercaban mas a sus pechos, hasta que como si fueran montañas escalé hasta la cima,  pero luego bajé hasta su ombligo haciendo círculos…
Ella se acercaba cada vez más, cubrió mi cuello con sus besos, pero al querer besar mis labios paré, no podíamos, le dije, aunque por un momento nos  besamos. Nuestras lenguas se rozaron, nuestras bocas se besaron, ella encima mía, su pelo, su cuerpo, su todo. Fue una noche que no olvidaré, porque no sentí nada,  aunque me hubiera gustado sentir algo, al igual que ella, solo fue un juego de una noche y en algunos momentos  pusimos  pausa, y nos detuvimos.
Recapacitamos en lo que habíamos hecho, paramos, nos relajamos, y nada me volvió a sentir tal excitación de estar haciendo algo prohibido. Salimos como si nada hubiera pasado, y como amigos seguimos y hasta ahora, nada igual había sentido.

- Dos años después- 

13 dic 2011

MARCA se equivoca

La imagen del Escudo de San Roque,Cádiz 
El periódico deportivo Marca se equivoca y pone el escudo del Club de fútbol de San Roque (Cádiz) que milita en Tercera división en vez del escudo de San Roque de Lepe (Huelva). Por unos instantes el San Roque gaditano se veía en la Copa del Rey.

El escudo que debería haber aparecido 
El escudo gaditano que aparece 

Dando "el cante" en París

Número de visitas

Buscador del Sur

¿Algo que decir?

Si quieres proponerme algo, si te interesa saber más de mí, si te gustaría que escribiera sobre algo o incluso si me quieres dar un consejo solo tienes que mandarme un correo a angelroke.37@hotmail.com