La vida no sería vida sin sonrisas, así que sonríe.
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22 dic 2011

Al salir de la facultad Cap.2

Cap.1

  No era un vagabundo que intentara que le diera una limosna para  llevarse algo al estomago o para comprar el último "chute" de metadona que le conduciría a la grotesca muerte callejera.
Mi Ipod murió mientras observaba su silueta . Se traba de una chica. Quedé parado a un metro de ella sin saber qué hacer, expuesto a la humedad que la noche empapada de frío empezaba a desperdigar. Ella no se percató de mi presencia hasta que la moneda que sujetaba entre mis dedos, índice y corazón, resbaló quizá debido al sudor y al nerviosismo que se apoderó de mi cuerpo en tan solo un pequeño instante.

  La chica levantó la cabeza y me miró, a la vez que recogía la moneda del suelo que se cayó de mi mano a sus pies. Seguidamente me extendió la mano y me devolvió la moneda, entonces me miró acompañada con una mueca un poco entristecida ,sus labios rojos y sus zapatos, también, ambos temblaban tímidamente por el frío. Me quedé durante varios segundos noqueado, asombrado al ver sus ojos brillosos que quizá habían acabado de llorar. Quizá me quedé así porque nunca me había parado a observar tan detenidamente una silueta femenina como con la que me tropecé. Mientras que yo salía de mi estado de "shock" (que duró varios segundos) extendí mi mano para coger mi moneda y noté como mi tacto se desenvolvió entre sus suaves dedos. Sus uñas estaban pintadas de rojo, muy parecido al tono de sus zapatos y mientras que la luna nos miraba ella me saludó. Le devolví el saludo, la volví a mirar fijamente y mi yo más tierno al que le acompaño unas de mis sonrisas preguntó:

"¿Qué hace una chica tan guapa aquí a estas horas?". En cuanto acabé de preguntarle pensé que a lo mejor me estaba metiendo donde no debía, pero su cara, su silueta, sus labios rojos, sus ojos brillosos, me habían empujado a que le preguntara y mientras que me empezaba a arrepentir de lo hecho, me contestó.

17 dic 2011

Al salir de la facultad Cap.1

Decidí salir de la biblioteca porque ya era un tarde y emprendí camino hacia casa, no vivo muy lejos de la facultad por lo que suelo ir a pie.
Guardé los apuntes y los libros en la mochila, cogí mis cascos para escuchar música, encendí mi Ipod al que le quedaba poca vida y me puse una canción de Nacha Pop, "La chica de ayer" para ser concretos. Me eché la chaqueta a la espalda y salí por la puerta. Todo estaba vació, nadie se encontraba por allí.

Bajé las escaleras y solo se escuchaban mis pasos y la letra de la canción que retumbaba en las paredes ayudada por el intenso silencio al que presenciaba.
Ni los gritos de las chicas, ni las mil conversaciones que se unen creando el ambiente que me acompaña cada mañana al pasar por los numerosos pasillos de la universidad.
Nada, era un fantasma que vagaba por los pasillos en los que me perdía cuando apenas conocía el lugar.
Terminé de bajar las escaleras, escalón tras escalón, terminé de mirar por cada pasillo, a mi izquierda, a mi derecha y caminé hacia la puerta de la salida cuando vi tras ella que hacía mucho viento, los árboles parecían bailar al compás de la canción. Entonces, me coloqué la capucha de la chaqueta mientras el Ipop pasaba de Nacha Pop a los Rodriguez, "Hace calor" aunque precisamente no lo hacía, casualidades del orden aleatorio de la música... Seguí el camino entre faroles que parpadeaban y otras que, ni siquiera iluminaban.

El aparcamiento estaba casi vacio, apenas dos o tres coches, uno en cada extremo del aparcamiento.  Bajé la cuesta y aproximadamente a mitad de la misma vi a alguien que estaba sentando en el suelo.
Al principio creía que era un indigente, un vagabundo que se había extraviado y había acabado cerca de la facultad. Eché mano al bolsillo para ver si tenía algo suelto que darle pues parecía que estaba pidiendo limosna, me encontré cincuenta céntimos, los sujeté entre mis dedos índice y corazón. Anduve un par de metros más hasta que me percaté que no era un indigente.

Cap.2

Dando "el cante" en París

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